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La cirugía de la epilepsia se realiza sólo en pacientes refractarios a tratamiento médico con dosis máximas de drogas anti-epilépticas óptimas.
El éxito de la cirugía depende del diagnóstico pre-quirúrgico. Este se basa en la historia clínica, el examen neurológico, el estudio electroencefalográfico, el examen neuropsicológico y las neuroimagenes (básicamente resonancia magnética). Así se puede lograr la localización precisa del foco epileptógeno y muchas veces se detectan lesiones acompañantes insospechadas.
La cirugía consiste en la extirpación del foco epileptógeno y la lesión cerebral asociada (usualmente presente). Las cirugías más frecuentes son, en primer lugar sobre el lóbulo temporal (75%) y en segundo lugar las topectomías (resecciones corticales). Las cirugías menos frecuentes son la hemisferectomía (en hemisferios no funcionantes) y callosotomías (sólo paliativa).
Lesiones orgánicas tales como tumores de bajo grado de malignidad, fallas del desarrollo embrionario y esclerosis del hipocampo se asocian a epilepsia temporal en hasta el 90% de los casos.
La cirugía logra que hasta un 90% de los pacientes queden libres o con una significativa reducción de sus crisis y un 10% permanece sin cambios. El éxito de la cirugía es mayor cuando existe una lesión cerebral acompañante.
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